
El capítulo se presenta como un diálogo transmitido por Sūta. Añjanā, afligida por no tener hijos, es visitada por el sabio Matanga, quien le pregunta por su propósito. Ella recuerda una antigua gracia concedida por Śiva a su padre Keśarī: aunque su nacimiento presente tenga limitaciones, tendría una hija célebre, y el hijo de esa hija le daría alegría. Añjanā enumera las numerosas prácticas devocionales y éticas realizadas para obtener descendencia: vratas estacionales y mensuales, baños rituales y caridades, circunvalaciones y salutaciones, ofrendas vinculadas al śālagrāma y diversas formas de dāna. Sin embargo, al no conseguir un hijo, se entrega al tapas, la austeridad sagrada. Matanga le indica un itinerario preciso por la geografía santa: hacia el sur a Ghānācala y Brahmatīrtha, hacia el este al Suvarṇamukharī, y hacia el norte a Vṛṣabhācala y Svāmipuṣkariṇī. Debe bañarse, honrar a Varāha y a Veṅkaṭeśa, llegar al tīrtha Viyadgaṅgā entre árboles auspiciosos y practicar austeridades dirigidas a Vāyu. Añjanā obedece, intensifica su disciplina desde fruta y agua hasta una restricción más severa; tras mil años, Vāyu se manifiesta en un momento propicio señalado por la astrología y ofrece un don. Ella pide un hijo, y Vāyu concede declarando que él mismo será su hijo y promete fama. El relato concluye con la reunión de dioses, sabios y consortes divinas que acuden a presenciar el extraordinario tapas, afirmando que la práctica disciplinada en los tīrthas adecuados atrae una respuesta divina transformadora.
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