
Este capítulo presenta la narración de Bhāradvāja acerca del rey Śaṅkha, de la estirpe Haihaya, modelo de devoción regia. El monarca se distingue por su entrega exclusiva a Viṣṇu: recuerdo constante, japa, pūjā, escucha atenta de relatos puránicos vaiṣṇavas, y la práctica de dádivas, votos y grandes sacrificios con la debida dakṣiṇā. Aun con méritos abundantes, su corazón se entristece por no obtener el darśana directo de Viṣṇu, atribuyendo la demora a velos residuales de vidas pasadas. Entonces Keśava habla como una voz invisible y prescribe el Veṅkaṭanāma-adri como morada singularmente amada, fijando que, tras un tapas sostenido allí, la Deidad se hará visible. Śaṅkha instala a su hijo Vajra en el gobierno y parte hacia Nārāyaṇagiri; encuentra la Swāmi-puṣkariṇī y establece una morada ascética en su ribera. En paralelo, el sabio Agastya llega por mandato de Brahmā, circunvala la montaña, visita tīrthas —entre ellos Skandadhārā— y adora a Govinda, pero al principio permanece sin visión. Figuras vinculadas a los devas —Bṛhaspati, Uśanas y el Vasu llamado Rājoparicara— transmiten la directriz: en Veṅkaṭa, Govinda se revelará tanto a Agastya como a Śaṅkha, y ese acontecimiento concederá darśana colectivo a los seres reunidos. El capítulo concluye con Agastya y sus compañeros contemplando la auspiciosa naturaleza del monte y llegando a la orilla de la Swāmi-puṣkariṇī, donde Śaṅkha los recibe con honores rituales y devoción compartida centrada en el kīrtana.
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