
El capítulo, enmarcado por la voz de Sūta, ofrece una descripción lírica y topográfica del río Suvarṇamukharī: brisas refrescantes, oleaje, lotos, aves acuáticas y el ambiente sagrado de un tīrtha. Se exalta al río como agente de santidad que nutre los campos y sostiene los asentamientos de ascetas, y su belleza ribereña se presenta como signo de su potencia espiritual. Luego Arjuna contempla la montaña célebre vinculada a Kālahastī, se baña en el río y realiza darśana y adoración a Kālahastīśvara (Śiva), sintiendo la plenitud del rito. Prosigue por la región observando siddhas, gandharvas, yoguis, ermitas serenas y comunidades de munis disciplinados, mostrando una “ecología ética” donde el paisaje y la práctica espiritual se fortalecen mutuamente. La narración pasa a la llegada de Arjuna al āśrama de Bharadvāja, descrito con abundancia de arboledas, árboles floridos, aves y lagos apacibles. Bharadvāja lo recibe con hospitalidad formal (arghya, asiento, preguntas por su bienestar) y se recuerda a la vaca que concede deseos para proveer alimento. El capítulo concluye con la curiosidad de Arjuna por el origen extraordinario y el poder del río, preparando la explicación posterior.
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