
El capítulo 26 exalta el poder purificador incomparable de Ghōṇa-tīrtha. Śrī Sūta señala el momento más propicio: cuando la constelación Uttarā-Phālgunī coincide con la quincena luminosa y el Sol transita por Mīna; entonces, se dice que los grandes tīrthas —como el Gaṅgā y otros— confluyen en ese lugar. Sigue una advertencia doctrinal y ética: quienes se apartan del baño en Ghōṇa-tīrtha son descritos mediante un catálogo de graves faltas sociales y rituales, como una ética negativa que refuerza el deber de peregrinar y la necesidad del arrepentimiento. Luego el texto pasa al registro redentor, enumerando numerosas clases de culpas que se purifican al bañarse, beber el agua y vincularse devotamente con el tīrtha, presentándolo como medio ritual de restauración moral. Un relato tradicional (itihāsa) explica el nombre de Tumburu-tīrtha: Devala cuenta a Gārgya que Tumburu, el Gandharva, tras un conflicto doméstico que desemboca en una maldición, alcanza Viṣṇuloka al bañarse y adorar a Veṅkaṭeśvara. La esposa maldecida se convierte en rana y habita en el hueco de un pippala cercano hasta que llega Agastya, enseña el pativratā-dharma y la restituye. La phalaśruti concluye: bañarse en Ghōṇa-tīrtha en Paurṇamāsī otorga frutos equivalentes a grandes dones y sacrificios; escuchar este capítulo promete mérito semejante al Vājapeya y una permanencia duradera en Viṣṇuloka.
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