
El capítulo 31 cierra un arco pedagógico: tras oír de Skanda la exposición dhármica sobre la grandeza de Vāsudeva, Nārada declara que todas sus dudas han sido destruidas (saṃśaya-nāśa) y se compromete a continuar la ascesis (tapas) y a recibir conocimiento cada día. Skanda refiere que Nārada permanece mil años divinos dedicado al tapas, escuchando en los momentos oportunos la instrucción de Hari, hasta alcanzar una “maduración” espiritual (pakvatā) y un afecto intensificado hacia Śrī Kṛṣṇa como el Sí-mismo de todo (akhilātman). Reconocido como un siddha-yogin establecido en la devoción suprema, Nārāyaṇa le encomienda viajar por el bien del mundo (lokahita) y propagar universalmente el “ekānta-dharma”. Nārada ofrece entonces una extensa stuti que presenta a Nārāyaṇa/Vāsudeva mediante atributos teológicos escalonados: morada cósmica, señorío del yoga, condición de Testigo, trascendencia más allá de los guṇa y de la agencia, y protección compasiva frente al miedo y al saṃsāra. El himno contrasta el recuerdo liberador de lo divino —incluso en la hora de la muerte— con la ilusión del apego al cuerpo, a los parientes y a la riqueza, y concluye con una ética de confianza exclusiva y gratitud hacia el refugio divino.
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