
Nārāyaṇa define el “conocimiento” como la comprensión discriminativa (viveka) por la cual se conocen el kṣetra y las categorías afines. Luego sitúa a Vāsudeva como el brahman supremo—al principio uno, no dual, nirguṇa—y describe cómo surge la māyā junto con la kāla-śakti; de su agitación nacen innumerables “huevos cósmicos”. En un brahmāṇḍa, la evolución procede por mahat, ahaṅkāra y la configuración de los tres guṇa, generando tanmātras, mahābhūtas, indriyas y funciones de las deidades; todo ello compone el cuerpo de Virāṭ, sostén del mundo móvil e inmóvil. De Virāṭ emergen Brahmā (rajas), Viṣṇu (sattva) y Hara (tamas), con sus śaktis correspondientes—Durgā, Sāvitrī y Śrī—cuyas manifestaciones parciales se multiplican. Brahmā, al principio desorientado sobre el loto en el océano único, emprende una larga indagación y tapas siguiendo el imperceptible mandato “tapo tapo”; se le concede la visión de Vaikuṇṭha, donde no operan los guṇa ni el temor nacido de la māyā. Allí contempla a Vāsudeva de cuatro brazos con sus asistentes divinos, recibe el don de prajā-visarga-śakti y es instruido a crear manteniendo identidad meditativa con Virāṭ. Brahmā organiza entonces la creación: los sabios, el surgimiento de Rudra desde la ira, los prajāpatis, los Vedas, varṇas y āśramas, los seres y los mundos, y la asignación de sustento y ofrendas (havis/kavya) apropiadas para devas, pitṛs y otras clases. El capítulo concluye subrayando la variación cíclica entre kalpas, el principio de avatāra de Vāsudeva para restaurar límites perturbados, y una definición final del conocimiento: distinguir las características de kṣetra, kṣetrajña, prakṛti–puruṣa, māyā, kāla-śakti, akṣara y paramātman.
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