
El capítulo se abre con Skanda describiendo una radiancia divina abrumadora y omnipenetrante, llamada akṣara-brahman, marcada por sat-cit-ānanda. Se afirma que los adeptos del yoga perciben esta realidad tras trascender los centros psicoenergéticos internos (ṣaṭ-cakra) por la gracia de Vāsudeva. Luego el relato pasa a una visión detallada de un templo y una sala de asamblea maravillosos, construidos con joyas y pilares resplandecientes. En ese ámbito, el vidente contempla a Kṛṣṇa/Nārāyaṇa establecido como el Señor nirguṇa, reconocido con múltiples apelativos: paramātman, para-brahman, Viṣṇu y Bhagavān. Sigue un retrato iconográfico suntuoso: belleza juvenil, ornamentos, corona, ojos como loto, fragancia de sándalo, la marca Śrīvatsa, la flauta, y la presencia de Rādhā y otras figuras venerables, junto con virtudes personificadas y armas divinas. El capítulo culmina con la postración de Nārada y su stuti, proclamando que la bhakti supera otros medios para la purificación y la liberación, y pidiendo devoción inquebrantable; Skanda concluye señalando la respuesta compasiva del Señor en palabras dulces como néctar.
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