
Skanda narra el proyecto concertado de devas y asuras: tras sellar un pacto, emprenden la empresa sagrada de batir el océano. Reunidos en la orilla, recogen hierbas de gran potencia e intentan arrancar y trasladar el monte Mandara; pero su peso inmenso y sus raíces profundas los vencen. Entonces invocan a Saṅkarṣaṇa, quien con una fuerza semejante a un solo aliento desarraiga la montaña y la aparta. Garuḍa recibe el encargo de llevar Mandara velozmente hasta el borde del mar. Invitan a Vāsuki, prometiéndole una parte del amṛta, y comienza el batido: devas y asuras toman posiciones en la serpiente-cuerda, mientras Viṣṇu dispone sutilmente el orden para proteger a los devas. Mandara se hunde por falta de sostén; Viṣṇu asume la forma de Kūrma (tortuga) para cargar la montaña y estabilizar el proceso. La fricción es terrible: aplasta a los seres acuáticos y levanta un estruendo cósmico. Cuando el veneno y el calor de Vāsuki se intensifican, Saṅkarṣaṇa los soporta y contiene. Al final surge el veneno halāhala (kālakūṭa), que amenaza a todos los mundos. Los dioses suplican a Umāpati (Śiva) y, con el beneplácito de Hari, Śiva atrae el veneno a su palma y lo bebe, volviéndose Nīlakaṇṭha. Las gotas restantes en la tierra son absorbidas por serpientes, escorpiones y ciertas hierbas.
No shlokas available for this adhyaya yet.